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Eventos

  • EXPOARTE MUJER ARBOL POR VIOLETA IRIS AGUDELO 2016

    27
    Oct 2016
    Jueves
    - 14:00 -

    EXPO VIRIS
    DESDE EL 27 DE OCTUBRE HASTA 31 DE DICIEMBRE
    Acta de conciliación
    -Transmutación –
    La mujer árbol

    El trabajo consiste en una recreación impúdica de mi propia historia, como un autorretrato: vaga entre niños que juegan alrededor de montones de papeles apiñados y colgados como banderines rodeando mi vida.
    La mujer árbol y el acta de conciliación son como agua y aceite, pero el uno es consecuencia del otro: las raíces le nacen entre tanto la conciliación, des-concilia todo.
    Este trabajo es una queja. Para mí el artista plástico sólo recrea su propia queja, su propio asombro; con su filtro, filtra la vida de todos y pinta para si mismo lo que mira, siente, oye y resiente.

    Asumo el arte como instrumento de divulgación del sentimiento humano y su protesta y/o señal de atención de todo lo que lo rodea o lo toca, ya sea de manera literal (su cuerpo material) o de manera intangible (su ser).
    Para mí el arte es el legado a la orden de la interpretación de cada individuo; bajo este concepto, mi intención artística es deslizarme en mi pintura y traer desde adentro una queja femenina, un pedido de auxilio y una señal de peligro.

    El objetivo de la obra es intentar romper el hielo en que se han congelado los sentimientos humanos frente al estado de la mujer, estado que ha ido perdiendo validez y respeto.
    La mujer que se rebela dentro de mí es a quien la vida ha detenido y ha dado “hogar por cárcel”; es como un gran árbol, sus raíces han destrozado el pavimento para salir de muy abajo, rebelándose, rompiendo los pavimentos de jardines y aceras, imposibilitando el paso al ciudadano intransigente, al adolorido, al que va en silla de ruedas, al que pasea indiferente…

    Siendo el pavimento como una cárcel, esta obra son las raíces que salen, es la conciliación que vuelve de la des-conciliación, es el árbol que se alimenta de la lluvia, la tierra y con el sol se hace sabio; es el árbol que da fruto y sombra, es la mariposa que pierde sus alas y se vuelve árbol, casa y refugio de sus hijos; es la muerte y la resurrección de lo femenino. Es la mujer que muere a los estigmas, para volver a la maternidad.

    Cuando me refiero a la mujer que muere, me refiero a la mujer a la que socialmente nos han encerrado. Cuando me refiero a la mujer que nace, me refiero a la niña y madre que está dentro de nosotras; esa que yo reconozco en mis lecturas y escritos como “mi mujer salvaje” que en realidad es “la mujer animal”, la que se mueve por instinto y que ferozmente pelea día a día desde lo más profundo de su interior contra la mujer racional y adoctrinada que se automutila física y psicológicamente; esa mujer que hemos aceptado, al igual que el idioma, la religión o la nacionalidad; simplemente porque es lo que es, aún cuando eso no sea lo que hubiéramos deseado para nuestra vida.

    La propuesta está basada en un tedioso suceso personal que, finalmente, parece ser el pan de cada día en la vida de la mujer latina. Es una propuesta que pretende llegar al espectador de una manera suave y lúdica; es por eso que copias impresas de un proceso legal, largo y desgastante danzan sobre lienzo, madera y retablo. Dibujos, corazones, autorretratos, niños que juegan, colores expresivos, líneas de carboncillo, escarcha y lentejuelas, me permiten traer a mi escena plástica este tedioso tema de la mujer víctima del maltrato, el abandono, la realidad que supera la novela, los niños victimizados, y la transmutación de la manada familiar al concepto de familia moderna con roles intercambiables, donde cobran vida las fábulas y cuentos que hemos escuchado a lo largo de nuestra vida: mujeres que vagan “llorando” y se lamentan la pérdida de sus hijos aullando en la oscuridad, grandes hombres de ” barba color azul” que destrozan a sus esposas y -ante la total indiferencia social- desposan unas nuevas víctimas que no serán advertidas, ni extrañadas.

    Estos y otros cuentos de terror que tienen un lugar cada vez más protagónico en nuestra sociedad que cada día es más feroz y deshumanizada; una sociedad con un sistema diseñado estratégicamente solo para atender la queja, y que carece de herramientas para solucionar el conflicto; que produce funcionarios divididos en dependencias, creando un doloroso circulo: la mujer llega remitida, vacilante y con múltiples heridas y la dinámica del procedimiento es como si por ejemplo la enviaran del odontólogo, al neurólogo, del neurólogo al dermatólogo, del dermatólogo de nuevo al odontólogo, del odontólogo, al médico general, del médico general al psicólogo, del psicólogo al radiólogo y así sucesivamente; como si todos tuvieran solo una pista para solucionar la gran herida, mientras que ella se desangra de consultorio en consultorio. Frente a esto, ella grita y da alaridos y es acusada de loca; entonces se toma un analgésico en la droguería y se rinde finalmente a entender que cada funcionario posee solo herramientas básicas que no son suficientes para solucionar el conflicto desde su dependencia. Si una mujer llega al bienestar familiar víctima de maltrato, ellos la redireccionan a la comisaría que vendría a ser el especialista del caso; la comisaría la redirecciona al bienestar familiar, pues esta mujer tiene hijos con su agresor, bienestar familiar la redirecciona a la fiscalía y ésta luego de tomar la denuncia la redirecciona a la defensoría quien sugiere un abogado, especificando a la vez que los abogados también se dividen en ramas (oficio, litigio, clínicos, familia…)
    Por fin el abogado especialista agota el recurso de la comisaría, y así sucesivamente; el proceso se extiende tanto que lo mejor es huir.

    Es un tema tan tedioso que requiere de colores, dibujos, muchas pinceladas y algo de talento artístico para que cualquier espectador pueda abordarlo sin sentirse aturdido en la primera mirada. Nadie quiere oír que existen niños con hambre, nadie quiere oír que hay niños que viven en la calle, nadie quiere ver cuadros del retrato adolorido de la realidad humana, mirar los cuadros de la guerra de Goya, los abortos de Debora Arango, los dolores de Frida Kahlo. Resulta un tedioso dolor incluso para el artista mismo.

    El tema de esta obra no parece inspirador, sin embargo me ha inspirado a mí tanto que he vuelto a tocar las gigantes puertas de la galería atreviéndome a permitirme la crítica que, probablemente y con justa razón, me ha espantado tanto durante años.

    Esta obra es una raíz que sale: salgo yo desde adentro y muestro lo que hay debajo de la tierra de mi ser, lo que no me permiten decir y lo que todos saben. Retrato descaradamente y sin pudor la mujer llena de papeles, la madre que protege a su cría, la mujer que está detenida y sólo tiene en su defensa altas ramas, sombra y fruto; defensa que a la vez está al alcance del depredador pero que es fuerte e imponente como un gran árbol.
    La mujer despechada, la mujer asustada, la mujer en eterna vigilancia; a ella la retrato para sacarla de adentro, de donde llora y me aturde.

    La obra se llama “Acta de conciliación -Transmutación – La mujer Árbol” es de este proceso que nace la obra, es aquí donde muere la vieja mujer y nace la nueva madre, donde la amante es arrasada y nace la guerrera, y donde la musa rescata a la artista de un encarcelamiento en el que se hallaba.

    Antes de llegar al “acta de conciliación” jugaba a la vida, al amor , al artista, al artesano; jugaba a no ser nada y a ser todo, me pintaba de colores cuando la vida iba en blanco y negro, pero todo de manera inconsciente y con la única responsabilidad de ser. Antes del suceso, había jugado durante 9 años a la casita, a la empresaria, al hijo ausente, a la amante hasta que el sexo aburría hasta al hastío.

    Cuando sucedió el “acta de conciliación” sentí la oscuridad muy de cerca, y no solo la oscuridad del abandono sino también la oscuridad misma que me habitaba; esa que asusta a la niña que llevas dentro y que no se cura, la sentí cobijarme toda.
    Antes de empezar a ponerle color, letras, pinceles, marcos y poesía; me hundí en ella, me hundí, me hundí, me hundí… ríos de lágrimas me bañaban, dormía entre papeles, pruebas, juzgados, cartas de abogados, citaciones, actas de conciliación, desacuerdos formales e informales, comisarías, defensorías, cartas, bienestares y malestares, historias clínicas. Pensaba que con tantos papeles podría hacer algún día un larguísimo, larguísimo, larguísimo, vestido de papel. Despertaba y dormía entre montañas de papel, donde las palabras se escondían, donde los sentimientos se revolvían, donde todo, cada palabra, cada letra era una prueba, una prueba de que nada había sido cierto y todo era cierto -como la vida misma-

    Aún nado entre papeles, aún camino por la oscuridad, aún tengo miedo, aún vivo vigilante; pero como la chicharra que chilla hasta que rompe su viejo cuerpo y sale, la musa no se resiste. Los papeles aún vivos en el proceso legal se han convertido en lienzos, las palabras impresas ahora son cabellos blancos, son nidos de pájaros, son abismos y banderines, los oscuros pensamientos se han vuelto poéticos relatos de la la transmutación, se han convertido en pequeños escritos literarios.
    La musa toma mis manos y rompe el pavimento social pintando a esta mujer árbol, con la cual habito, en la cual habito y la cual me habita.
    Esta obra es un cuento de horror pero en manos de mi musa. Con esta obra he tocado lo femenino, he exorcizado un poco los demonios adquiridos y despertados en el proceso legal, el cual es tan ajeno, tan imposible de entender que resulta ser como un juego de ajedrez: no consiste en la justicia, sino en la capacidad de poner cada palabra en el momento justo y a veces moverse en la mitad del tablero sin ninguna experiencia, rezando desesperadamente a Dios que por piedad te salve un alfil.

    De repente eres el protagonista de la película de terror.
    El amante es el asesino y el violador, es el desconocido. El que amaba es el que odia, el que odia se convierte en la parte oscura del cuadro; el amante odia, la musa se ahoga y se muere, al hada le arrancan sus alas, la serpiente muda de piel, la mujer pierde su edad de merecer. La mujer es madre y esclava, la mujer es guerrera y víctima, el victimario es atravesado y es víctima…
    En la obra se visualizan muchos textos, son textos reales, de una eterna desconciliación.

    Por último, con esta obra pretendo como artista resistirme a la burla del tiempo, que en lugar de llevarme a grandes galerías me llevó a comisarías y juzgados; luego desde allí me trajo desde donde ya antes me había perdido, para además poder honrar a mis muchos maestros de Bellas Artes, retomándome como artista plástica; lo cual, debo decir, me intimida dado que llevaba mucho tiempo perdida, escondiéndome del curador y del concepto artístico… muchos más años de los que ellos dedicaron en darme el título de artista plástica.

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